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lunes, 25 de febrero de 2008

Entre el Olvido y el Mar de los Recuerdos


¿Qué recordamos realmente? ¿Cuánto de lo que recordamos realmente pasó?
¿Cuánto de ello es producto de nuestra mente fantasiosa e idealizadora?
¡Qué ironía la de nuestra memoria!
Para algunos que comienzan a sufrir los primeros embates del Alzheimer ,el olvido es lo que anhelan evitar. Para otros que han sufrido una situación traumática, el olvido parece ser la única solución para seguir viviendo. Para la mayoría, los recuerdos son los cimientos de toda una vida...porque qué sería de nuestra vida sin recuerdos; un micro-universo inconexo, vacío, inútil y carente de sentido.
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Una vivencia traumática puede traer como consecuencia dos cosas, el olvido, ya que el impacto podría provocar un shock de tal magnitud que active en el cerebro un sistema de defensa que bloquee el episodio y con ello anule la posibilidad de recordar el hecho y dos, el recuerdo vivo y eterno del acontecimiento dejando heridas que no cicatrizan y sangran en ciertas ocasiones.

En el primero de los casos, el shock funciona como olvido que es como no haber vivido ni sentido el hecho; sin embargo, si existieron testigos, ellos pueden contarnos la experiencia y de algún modo podemos aprender de aquella sin haber padecido el ‘gran sufrimiento’… no suena mal, ¿eh? , pero este sistema de defensa sólo se activa en algunos casos ¿Qué ocurre cuando nos pasa la segunda opción (que es la más habitual)?

El recuerdo es la forma más dolorosa de enfrentar los miedos, aprender a superarlos y con ello -se supone- evolucionar. Ahí está la prueba de la vida, lograr la evolución provocada a través del dolor. En muchos casos el camino más fácil es involucionar o dejarse llevar por la corriente a merced de la vida, y es natural debido al agotamiento, intentando en vano llevar el suceso traumático al olvido por lo doloroso o agobiante que resulta el recuerdo, pero sabemos que no es la forma de hacerlo, no se puede vivir en una eterna negación de hechos y sentimientos, no es normal, no es sano...no es correcto.

Las Autoras




lunes, 18 de febrero de 2008

Entre líneas...

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En un café del centro…

PEDRO:
¡Naturalmente!... exclamó mientras miraba su reloj.

CAROLINA: ¿Qué le pasa a tu muñeca que insiste en mostrarte el reloj?
inquirió ella mientras tomaba su café.

PEDRO: …decía que estoy poniendo todo de mi parte para que lo nuestro funcione, te aseguro que lo nuestro es muy serio.

Evidentemente, él estaba nervioso, ella lo sabía, faltaban sólo minutos para la hora ‘peak’, la hora en que todo el mundo sale del trabajo, era una hora que lo inquietaba, ya que crecían las posibilidades que más ojos se posaran sobre ellos.

Ella meditaba sobre sus palabras, “¡Cuánta contradicción! sus dichos discrepan de su actuar”, pensaba, algo no encajaba ¿Qué punto de “todo de mi parte” y “lo nuestro es muy serio” no quedaba claro? ¿Deberían ser las frases absolutas que no requieren interpretación? ¿Era una especie de aviso publicitario, donde nadie toma en cuenta la letra chica?

“TODO DE MI PARTE pero sólo hasta donde la sociedad me lo permita”
“LO NUESTRO ES MUY SERIO pero sólo hasta el punto donde no involucre compromiso”


Ella detestaba las segundas lecturas, las palabras tienen un valor infinito que la mayoría suele subestimar,
“la gente usa las palabras por inercia, sin considerar que el lenguaje es para comunicar y entenderse no para confundir al receptor”, solía decir.

Parecía verse envuelta en la misma empalagosa situación que la desconcertaba y evidentemente molestaba, se quedó reflexionando, preguntándose qué hacía ella involucrada en lo que siempre evitó, privar su libertad, transar la honestidad.

“¿Por qué él tiene miedo? El miedo no le permite avanzar, llega un punto en que por tanto dilatar un asunto, se hace insoportable, él siente que tiene todo bajo control, pero pasa el tiempo y ya no le queda más creatividad para mantener su postura descomprometida, o se vuelve un hábito –mientras yo se lo permita- o se transforma en un asunto estresante cuando le exija más claridad y transparencia”.

En ese instante se le viene a la mente doña Florinda y el profesor Jirafales, en lo paciente que fue ella al habituarse a la rutina del café para encubrir el miedo de él a ser descubiertos en su idilio.

Carolina, abstraída en sus pensamientos, sonríe.

PEDRO:
Me alegro que al fin nos entendamos perfectamente.



Las Autoras

sábado, 2 de febrero de 2008

EL JARDIN SECRETO


He descubierto un lugar
al que sólo yo puedo acceder,
un mundo paralelo, ideal, irreal...

Lo cuidaré en su fragilidad,
esperando algún día
ser realmente parte de él.