
¿Cuánto de ello es producto de nuestra mente fantasiosa e idealizadora?
Para algunos que comienzan a sufrir los primeros embates del Alzheimer ,el olvido es lo que anhelan evitar. Para otros que han sufrido una situación traumática, el olvido parece ser la única solución para seguir viviendo. Para la mayoría, los recuerdos son los cimientos de toda una vida...porque qué sería de nuestra vida sin recuerdos; un micro-universo inconexo, vacío, inútil y carente de sentido.
En el primero de los casos, el shock funciona como olvido que es como no haber vivido ni sentido el hecho; sin embargo, si existieron testigos, ellos pueden contarnos la experiencia y de algún modo podemos aprender de aquella sin haber padecido el ‘gran sufrimiento’… no suena mal, ¿eh? , pero este sistema de defensa sólo se activa en algunos casos ¿Qué ocurre cuando nos pasa la segunda opción (que es la más habitual)?
El recuerdo es la forma más dolorosa de enfrentar los miedos, aprender a superarlos y con ello -se supone- evolucionar. Ahí está la prueba de la vida, lograr la evolución provocada a través del dolor. En muchos casos el camino más fácil es involucionar o dejarse llevar por la corriente a merced de la vida, y es natural debido al agotamiento, intentando en vano llevar el suceso traumático al olvido por lo doloroso o agobiante que resulta el recuerdo, pero sabemos que no es la forma de hacerlo, no se puede vivir en una eterna negación de hechos y sentimientos, no es normal, no es sano...no es correcto.

