Es cierto eso de que a veces te encuentras tan sumergida(o) en un problema o una determinada situación que te cuesta mirar las cosas desde otro punto de vista, y sin rumbo claro te sientes a la deriva aferrada(o) sólo a la esperanza de nuevos y mejores horizontes. Hasta hace poco esa era mi realidad más recurrente. Pero ya no.Tal como esperábamos, el ritual de Otoño ha dirigido sus poderes purificadores hacia mí, una de sus "groupies”, y qué bien se siente. Atrás parece quedar aquella inestabilidad que tendía a generar una vulnerabilidad extrema frente a ciertos acontecimientos. Al parecer, después de tanta introspección, retrospección y cuanta cosa hemos compartido, sentido y experimentado, el equilibrio que parecía perdido ha sido recuperado.
El ser capaz de reconocerse, tal como uno es; bueno y malo, con errores y aciertos, con mezquindad y generosidad, ser dual; racional y emocional, resulta clave para dirigir las intenciones hacia lo que uno realmente quiere.
Mi alma parece haberse reconciliado con las vivencias pasadas, entendiéndolas como tal, una parte valiosa de la vida que me hace lo que soy hoy, básicamente; un ser “más” humano.
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El ser capaz de reconocerse, tal como uno es; bueno y malo, con errores y aciertos, con mezquindad y generosidad, ser dual; racional y emocional, resulta clave para dirigir las intenciones hacia lo que uno realmente quiere.
Mi alma parece haberse reconciliado con las vivencias pasadas, entendiéndolas como tal, una parte valiosa de la vida que me hace lo que soy hoy, básicamente; un ser “más” humano.
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Este Otoño y su concierto climático se ha manifestado en mí (su otra groupy) tal cual ustedes lo han vivido, así como hoy, un día tan brillante que enceguece es mi sentimiento, parezco encandilada por un clima de tranquilidad. Lamentablemente e impredeciblemente mañana podrá llover y traer una fuerte tempestad que lo arruine todo y haya que volver a empezar.
Así es mi vaivén, estoy a merced de los acontecimientos, sin poder controlarlos ni mucho menos predecirlos, el clima parece acompañarme en este proceso, la naturaleza se manifiesta tal cual pasan mis sentimientos; aunque debo reconocer -agradezco a las ‘circunstancias’- que este Otoño no ha sido implacable, ha sido bastante amable, sólo nos ha hecho pasar algunos sustos con lluvias amenazantes, pero inofensivas finalmente.
Si realmente el clima es una manifestación de mis alegrías y pesares (o viceversa), ¡gracias a Dios que no vivo en Chaitén!
